

Los nutrientes son las sustancias químicas presentes en los alimentos que el cuerpo utiliza para obtener energía, construir tejidos y regular sus funciones vitales. El organismo no puede fabricar la mayoría de ellos por sí mismo, por lo que dependen de lo que se incluye en la dieta diaria.
Esto los convierte en la base de cualquier alimentación saludable, ya que su ausencia o desequilibrio afecta directamente el crecimiento, las defensas y el funcionamiento de órganos y tejidos. A continuación, se explican sus tipos, sus funciones y qué ocurre cuando el cuerpo no los recibe en las cantidades necesarias.
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Los nutrientes son componentes de los alimentos que aportan energía o que resultan indispensables para mantener las funciones normales del cuerpo. Se obtienen a través de la digestión y son absorbidos por el organismo para cumplir tareas específicas, desde la producción de energía hasta la reparación celular.
No todos los nutrientes actúan de la misma manera: algunos aportan calorías que el cuerpo transforma en energía, mientras que otros no generan energía, pero resultan igual de esenciales porque regulan procesos metabólicos, hormonales e inmunológicos. Por eso, una dieta variada es la única forma de cubrir todas las necesidades nutricionales.
Los nutrientes se agrupan en dos grandes categorías: los macronutrientes, que el cuerpo necesita en mayor cantidad, y los micronutrientes, que se requieren en dosis más pequeñas pero con funciones igual de esenciales. Los macronutrientes incluyen los carbohidratos, las proteínas, las grasas y el agua, mientras que los micronutrientes agrupan a las vitaminas y los minerales.
Esta clasificación, entre macronutrientes y micronutrientes, permite entender qué alimentos priorizar según la edad, la actividad física y el estado de salud de cada persona.
Los nutrientes cumplen tres funciones principales: energética, plástica o estructural, y reguladora. Cada una de ellas es indispensable para que el cuerpo funcione de forma coordinada.
Mantener estas tres funciones en equilibrio depende, en gran medida, del estado nutricional de cada persona, que varía según la edad, el nivel de actividad física y la presencia de alguna condición de salud.
La carencia de nutrientes esenciales, en especial de hierro, es una de las principales causas de la anemia infantil, una condición que afecta el desarrollo físico y cognitivo de los niños. Según el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), la anemia afectó al 35,3 % de los niños de 6 a 35 meses a nivel nacional, con una prevalencia mayor en las zonas rurales que en las urbanas.
Esta cifra confirma que la deficiencia de nutrientes específicos, como el hierro, el zinc o la vitamina A, no es un problema menor: compromete el crecimiento, el rendimiento escolar y el sistema inmunológico durante los primeros años de vida. Detectar y prevenir estas carencias a tiempo es una de las tareas centrales de la nutrición infantil.
Comprender cómo se diseñan estrategias de alimentación para prevenir y tratar estas deficiencias desde la primera infancia es el eje de la Maestría en Nutrición Pediátrica de la Universidad Europea en Perú, un programa 100% virtual que aborda la nutrición infantil junto con la psicología y la atención temprana del niño.
Cuando la falta o el exceso de nutrientes está relacionado con enfermedades crónicas como la diabetes, la obesidad o los trastornos cardiovasculares, la alimentación se convierte en una herramienta terapéutica y deja de ser solo una cuestión de hábitos. Esa dimensión clínica es la que distingue a la nutrición terapéutica de la orientación nutricional general.
Un profesional formado en esta área puede diseñar planes nutricionales individualizados para pacientes hospitalizados, colaborar en investigaciones sobre terapia nutricional o desarrollar una consulta especializada en el manejo dietético de enfermedades crónicas. Este enfoque multidisciplinar es precisamente el que desarrolla la Maestría en Nutrición Clínica de la Universidad Europea en Perú, un programa 100% virtual orientado a la prevención de enfermedades y la mejora de la salud a través del tratamiento dietético-nutricional.
Una alimentación equilibrada combina alimentos de todos los grupos nutricionales en proporciones adecuadas, priorizando los alimentos frescos y variados por encima de los ultraprocesados.
En Perú, esta tarea cuenta con un respaldo técnico local: el Instituto Nacional de Salud (INS), a través de su Centro Nacional de Alimentación, Nutrición y Vida Saludable, analiza la composición de más de mil alimentos consumidos en el país para determinar su aporte de 19 nutrientes distintos.
Herramientas como la pirámide alimenticia ayudan a visualizar de forma sencilla qué grupos de alimentos deben consumirse con mayor frecuencia y en qué proporción, siempre acompañados de actividad física y una hidratación adecuada. Seguir esta guía de forma constante es más efectivo que restringir o eliminar grupos completos de alimentos.
Los nutricionistas y dietistas son los profesionales encargados de evaluar las necesidades nutricionales de cada persona y diseñar planes de alimentación personalizados según su edad, salud y objetivos.
Formarse en esta área permite acompañar a pacientes, deportistas o familias en la construcción de hábitos alimenticios sostenibles en el tiempo. La Carrera de Nutrición de la Universidad Europea en Perú prepara para ese rol a través de una metodología inmersiva, con casos y simulaciones que reproducen situaciones reales de la consulta nutricional.
Entender qué son los nutrientes es el primer paso para tomar decisiones alimentarias informadas, ya sea para cuidar la salud propia, la de la familia o, más adelante, para acompañar profesionalmente a quienes lo necesitan.
La diferencia fundamental es que el alimento es el producto físico, complejo y visible que decidimos comer de forma voluntaria (como una manzana o un plato de lentejas), mientras que los nutrientes son las sustancias químicas microscópicas contenidas dentro de ese alimento (como las proteínas, las vitaminas o los carbohidratos) que nuestras células absorben de manera involuntaria para funcionar. En pocas palabras, el alimento es el "paquete" exterior que compramos y masticamos, y los nutrientes son el "combustible" real que nuestro cuerpo extrae y aprovecha internamente.
A nivel celular, la falta de nutrientes reduce la energía y los aminoácidos disponibles, lo que frena la producción de nuevas proteínas y la renovación de los tejidos. A nivel orgánico, esto se traduce en pérdida de masa muscular, debilitamiento del sistema inmunológico y, en los casos más graves, en retraso del crecimiento y alteraciones en el funcionamiento de órganos como el corazón o el hígado.
Basta con priorizar alimentos frescos por encima de los procesados, incluir los distintos grupos de alimentos en cada comida principal y moderar el consumo de azúcar y sal. A esto se suma mantener una hidratación constante a lo largo del día, ya que pequeños cambios sostenidos en el tiempo suelen dar mejores resultados que las restricciones estrictas.